Estados Unidos manifiesta públicamente su intención de ayudar a la población cubana; sin embargo, sus acciones contradicen este discurso al bloquear el suministro de combustible a la isla. Este embargo impacta directamente en las áreas más críticas y vulnerables, como la atención médica y el acceso al agua potable.
Caracas, 03 de junio de 2026.- El gobierno de Estados Unidos mantiene un embargo comercial sobre Cuba y recientemente ha impuesto bloqueos a sus importaciones de petróleo, medidas que, según La Habana y diversos organismos internacionales como las Naciones Unidas, agravan severamente el acceso de la población a alimentos y agua, al paralizar la infraestructura y los sistemas de distribución.
Recientemente, el manejo de la relación entre EE.UU. y Cuba ha llegado a un nuevo nivel de intensidad con la implementación de la “Orden Ejecutiva del 29 de enero de 2026”. Este documento no solo prohíbe a las empresas estadounidenses comercializar con la isla, sino que también introduce aranceles adicionales a cualquier país que intente suministrar petróleo a Cuba, contribuyendo a lo que se considera un cerco energético global.
De acuerdo con el Diario Uchile, en un artículo publicado en febrero pasado, “los resultados de esta ofensiva son evidentes: desde el 10 de febrero, el tráfico aéreo internacional hacia Cuba ha disminuido drásticamente, afectando gravemente al turismo, la principal fuente de ingresos del país. La crisis energética se ha agravado, con seis de las dieciséis unidades termoeléctricas fuera de servicio debido a las fallas o mantenimiento, lo que ha provocado apagones en más de la mitad del territorio cubano.”
El presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel ha denunciado esta situación como una “asfixia energética” provocada por las sanciones de EE.UU., asegurando que impactan directamente en la capacidad de Cuba para mantener servicios básicos. La estrategia de Washington hacia la Habana se caracteriza por una brutalidad sin precedentes: el sufrimiento del pueblo cubano es visto por los estadounidenses como un catalizador para un cambio de modelo político.
Estados Unidos manifiesta públicamente su intención de ayudar a la población cubana; sin embargo, sus acciones contradicen este discurso al bloquear el suministro de combustible a la isla. Este embargo impacta directamente en las áreas más críticas y vulnerables, como la atención médica y el acceso al agua potable, exacerbando las dificultades que enfrenta la ciudadanía. La disonancia entre las afirmaciones de apoyo y las políticas restrictivas revela una estrategia que, en lugar de aliviar el sufrimiento de los cubanos, lo agrava de manera alarmante.
Por otra parte, este bloqueo ha ocasionado la expulsión del cuerpo diplomático cubano por parte de Ecuador y Costa Rica, esto forma parte de una ofensiva de la administración Trump, la cual ha presionado a diversos gobiernos latinoamericanos para aislar a la isla. Así como, los gobiernos de ocho países Antigua y Barbuda, Bahamas, Granada, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica y, Trinidad y Tabago, se han negado a cooperar con Cuba en el ámbito de la salud, privando a su población de servicios de salud calificados.
Diversos informes internacionales, incluido el análisis del centro de investigación CLACSO, indican que varios países caribeños, así como Guatemala y Honduras, han optado por cancelar o no renovar acuerdos de colaboración médica con Cuba. “En consonancia con esta postura, los gobiernos caribeños han optado por esperar la finalización de los acuerdos suscritos con Cuba antes de decidir no continuarlos, como hizo Guyana, que justificó la no renovación del programa de colaboración médica al considerarlo innecesario en las condiciones actuales. Otro camino ha sido rechazar las ofertas de becas que Cuba brinda para estudiar en sus universidades. Tal es el caso de Trinidad y Tobago, que argumentó que las difíciles condiciones económicas que atraviesa la isla no son adecuadas para sus nacionales, a quienes deben apoyar con el envío de alimentos y otros suministros mientras estudian allí".
Este escenario general sigue marcado por una pregunta central: ¿cuánto tiempo más podrá resistir la isla si continúa el bloqueo estadounidense?.
Prensa.-

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